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Esperanza de sustento

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Al entrar en el primer compartimento del santuario, llamado el lugar santo, encontramos la mesa con los doce panes. Esos eran llamados los panes de la Presencia, pues deberían ser cambiados cada sábado, cuando eran sustituidos por otros nuevos.  La mesa con los panes proporciona la idea de alimento y sustento. La mesa con los panes enseñaba la lección de que Dios es el supremo proveedor de las necesidades materiales y espirituales de su pueblo.

Una famosa consejera acostumbraba recibir cerca de 10.000 cartas por mes de personas con problemas. Cuando se le preguntó sobre cuál era el problema que predominaba, ella declaró que el mayor problema de las personas era el miedo.

Las personas tienen miedo de perder la salud, la riqueza, los familiares. En fin, las personas tienen miedo de la propia vida. En efecto, uno de los grandes problemas que afectan a las personas hoy es el miedo. Las personas están ansiosas, temerosas de no conseguir sustentarse a sí mismas o a su familia debido a un salario bajo. Otros tienen miedo al desempleo. Otros están bien materialmente, pero enfrentan profundos problemas espirituales y emocionales, y se debaten para encontrar un significado para la vida; están buscando una razón para vivir.

Amigos, estamos aquí esta noche para decirles que existe esperanza para vencer los miedos que nos asaltan, porque nuestro Dios es Dios que sustenta a sus hijos y él promete satisfacer nuestras necesidades materiales y espirituales.

La mesa con los panes en el lugar santo del santuario, enseñaba al pueblo a tener confianza en Dios, para el sustento diario de sus necesidades físicas y espirituales. Al reflexionar sobre esa mesa con panes en el santuario, aprendemos que los esfuerzos humanos son importantes y necesarios, pero en última instancia, es Dios que provee nuestro sustento material y espiritual.

Apreciado amigo, ¿usted está preocupado con su situación financiera, su empleo, su salario, o con las necesidades de su familia? ¿Está ansioso por el futuro ante tantas incertidumbres? Quiero decirles que hay un mensaje de esperanza para usted esta noche. Nuestro Dios es el Dios de la provisión, y Dios del sustento. El es el Dios de la mesa con abundancia, el Dios dispuesto a suplir las necesidades materiales y espirituales de su pueblo.

Mis amigos, hay esperanza de sustento y de provisión para todos nosotros. Dios quiere derramar su bendición sobre usted y su familia. Al hablar a las personas preocupadas y ansiosas Jesús les dice: “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y, sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? (Mat. 6:26).

Hay esperanza de sustento. Veamos lo que la Palabra de Dios nos enseña sobre el cuidado de Dios por nosotros. Examinemos la Biblia para alimentarnos de las promesas de Dios para nuestra vida. Veamos lo que Dios promete hacer por nuestras necesidades materiales y espirituales.

Una de las grandes promesas de la Biblia es la promesa de que Dios puede satisfacer nuestras necesidades. El apóstol San Pedro escribió que podemos confiar en Dios, “Echad toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7). Dios también promete el alimento espiritual para fortalecer nuestra relación con él y así ser mejores personas. Si el hambre de alimento físico es una infeliz realidad en nuestro mundo, el hambre espiritual también tiene sus víctimas. La Biblia habla de un tiempo en que habrá una grande hambre, no hambre de pan, sino hambre de oír la Palabra del Señor (Amós 8:11-12). Así como nuestro cuerpo precisa de alimento físico para sobrevivir, nuestra naturaleza espiritual necesita ser alimentada con las verdades de la Palabra de Dios. Como dice la Biblia en el libro de Deuteronomio: “no sólo de pan vivirá el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. (Deut. 8:3, cf. Mat.4:4).

I. CONFIANZA

Hay tres actitudes que debemos desarrollar para disfrutar de las promesas de Dios. La primera es la confianza. La Palabra de Dios nos exhorta a confiar en Dios. “Confía en Jehová y haz el bien; habitarás en la tierra y te apacentarás de la verdad” (Salmo 37:3). La confianza en Dios es fundamental para desarrollar una expectativa optimista delante de los desafíos y problemas de la vida. En el mundo en que vivimos precisamos enfrentar dificultades y desafíos, pero nunca debemos olvidar que Dios prometió estar con nosotros. En el libro del profeta Isaías Dios nos dice: “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán.  Cuando pases por el fuego, no te quemarás ni la llama arderá en ti” (Isa. 43:2).

Ilustración: Un grupo de científicos y botánicos estaba explorando regiones remotas de una cordillera de montañas en busca de nuevas especies de flores. Un día ellos notaron a través de sus binoculares una flor de tal rareza y belleza que su valor para la ciencia era incalculable. Pero la planta estaba en el fondo de un precipicio. Un niño curioso estaba cerca de ahí mirando todo y los científicos le hicieron la propuesta de pagarle bien si él descendía por una cuerda hasta el fondo del precipicio para recoger la flor que estaba allá abajo. El niño lanzó una mirada hasta el fondo del precipicio y dijo: “Espérenme que ya vuelvo”. Poco tiempo después el niño volvió acompañado de un señor de cabellos grises. Aproximándose al jefe de la expedición el niño le dijo: “Yo voy a descender al precipicio y recoger la flor para ustedes si este hombre asegura la cuerda. Él es mi padre”.

Apreciado amigo/a, a veces enfrentamos dificultades y parece que tenemos que descender al precipicio de las necesidades materiales, del desempleo, de las deudas, y de otros problemas. Pero podemos tener la seguridad: Dios asegura la cuerda para que podamos descender y subir con seguridad los precipicios de las dificultades y de las pruebas que enfrentamos.

II. ALEGRÍA

La segunda actitud es la alegría que debemos desarrollar para disfrutar de las promesas de Dios. La Biblia dice que debemos alegrarnos en el Señor. “Deléitate asimismo en Jehová y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmo 37:4). Algunos gustan de los deportes, otros de la música, otros de la pesca. Cuando hacen estas cosas sienten una alegría, un sentimiento de satisfacción y felicidad tan grande, que parecen olvidar el resto de las cosas. La Biblia nos invita a tener alegría en Dios (Sal. 37:4). Esta no es una alegría banal y pasajera, sino la verdadera alegría, porque está enfocada en Dios y en la esperanza de sustento y bienestar que él nos ofrece.

Muchas personas buscan alegría en los lugares incorrectos y con personas equivocadas. Dios nos da la alegría del sustento, las bendiciones materiales y espirituales que hacen una vida feliz.

III. ENTREGA

La tercera actitud es la entrega. “Encomienda a Jehová tu camino, confía en él y él hará” (Salmo 37:5). Alegrarse en Dios es tener placer en Dios, confiar en Él.

Cuando usted entrega su vida a Dios, Dios le entrega el mayor regalo que un ser humano puede recibir: Ser un hijo suyo. Jesús vino a suplir nuestras necesidades. El mismo Jesús, que ejerció poder curando enfermedades, resucitando muertos y multiplicando panes y peces para mitigar el hambre de las multitudes hambrientas, habla a su corazón en esta noche diciendo: “Yo soy el pan de vida. El que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree no tendrá sed jamás” (Juan 6:35). ¿Quiere entregar su vida a Jesús?

Un mendigo detuvo a un abogado en la calle de una gran ciudad y le pidió una limosna. Al mirar a aquél hombre mal vestido el abogado preguntó: “¿Lo conozco de algún lugar?” “Claro, mi nombre es Samuel, fuimos colegas en la escuela, hace años atrás”, respondió el mendigo. Sin más preguntas el abogado llenó un cheque de mil reales. “Aquí tienes, toma esto y recomienza tu vida. Yo no quiero saber lo que sucedió en el pasado, el futuro es lo que importa”. Y al decir estas palabras, el abogado se fue.

Con lágrimas en los ojos el mendigo fue a un banco. Parado en la puerta él miró a través del vidrio a los cajeros bien vestidos y el interior del banco limpio. Después miró los trapos inmundos que vestía. “Ellos no aceptarán de mi este cheque. Van a decir que yo falsifiqué el cheque, murmuró el mendigo mientras salía del banco con el cheque en el bolsillo.

Al día siguiente los dos hombres se reencontraron. “Hola Samuel! ¿Qué hiciste con el cheque que te di? ¿Lo gastaste en el juego?  ¿Lo gastaste en la bebida? “No, le dijo el mendigo, mientras sacaba el cheque del bolsillo y explicaba por qué no lo había cobrado. “Escucha, dijo el abogado, el valor de este cheque no depende de tu ropa sucia, sino de mi firma en él. Ahora vuelve al banco y cobra el dinero”.

Amigos, Dios colocó su firma en el cheque de sus promesas. A veces parece que estamos abandonados y nada va bien en nuestra vida. Pero Dios tiene promesas extraordinarias para cada uno de nosotros. Basta confiar en Él y entregar nuestra vida en sus manos.

Apreciado amigo, el Dios que lo llama en este momento es el Dios de las provisiones, del sustento, de la mesa con los panes. Él quiere darle las bendiciones del sustento material y también de las dádivas espirituales que lo harán una persona más feliz. ¿Quisiera en este momento entregar su vida en las manos de Dios? ¿Quisiera confiar en las promesas de la Palabra de Dios y recibir las bendiciones de una vida mejor?

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One Response to “Esperanza de sustento”

  1. xochitl dice:

    me ha abierto los ojos y creo que DIOS es mi Dios, amen.

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